
Los fondos Next Generation han impulsado cientos de iniciativas de transformación digital. ¿Qué proyectos considera que han aportado o aportarán más valor a su organización y por qué?
El balance del periodo 2021–2026 es el mayor impulso coordinado a la salud digital que ha vivido el SNS: más de 700 proyectos, un presupuesto total que supera los 1.000 millones de euros, y resultados que ya son tangibles, en datos aún provisionales —más de 12 millones de pacientes con acceso a servicios digitales mejorados, más de 240.000 profesionales sanitarios que trabajan con herramientas financiadas por la Estrategia, y más de 6.000 centros sanitarios con tecnología renovada.
De todos los programas en marcha, destacaría dos por su potencial transformador estructural. El primero es UNICAS, la red de atención a niños con enfermedades raras y sus familias, tanto por su impacto (enfermedades raras, con dificultad en el diagnóstico y tratamiento, pacientes pediátricos, familias y cuidadores con alta carga, desplazamientos largos y caros,…), como por el modelo de gobernanza (una comunidad autónoma desarrolla el software para todas las demás y sus hospitales), como por su capacidad de demostrar que se puede poner al paciente en el centro y aprovechar la tecnología para mover datos y conocimiento, y no tanto los pacientes; aspiramos a que UNICAS sea un modelo para otras patologías de alta complejidad y otros grupos de edad.
El segundo es el programa de Inteligencia Artificial del SNS (IASNS), con una inversión total para este programa, la extensión de ÚNICAS y la red integrada de imagen médica, de 232 millones de euros de fondos FEDER y del Ministerio de Sanidad que se ejecutarán de manera coordinada con las comunidades autónomas de 2026 a 2029. El piloto de agentes de transcripción en consulta, desarrollado con siete comunidades autónomas, con casi 6000 consultas obtuvo una satisfacción del paciente superior a 4 sobre 5 en todos los indicadores. Esta tecnología no es una promesa: ya permite liberar tiempo clínico real y el programa aspira a incorporarla al SNS en condiciones de calidad y equidad. Todas las CCAA se han comprometido a su implantación en Atención primaria para finales del 2027.¿Qué condiciones deben darse para garantizar la continuidad y sostenibilidad de estos proyectos una vez finalizada la financiación extraordinaria?
La sostenibilidad no es una cuestión que hayamos dejado para el final; es una condición de diseño de la nueva etapa. La Estrategia de Salud Digital 2030 incorpora explícitamente el principio de no reversibilidad: los avances logrados deben sostenerse y evolucionar de manera ordenada, no simplemente mantenerse.
Para ello identificamos tres condiciones esenciales. La primera es que los proyectos sean reutilizables desde su concepción. El periodo anterior ha generado activos compartibles entre comunidades; ese modelo de desarrollo colaborativo puede reducir el coste de mantenimiento y los tiempos de adopción. La segunda es consolidar la financiación necesaria para garantizar que se mantiene lo generado con la inversión extraordinaria, en lugar de tratarla como compartimentos separados. La tercera condición es que la gobernanza compartida con las comunidades autónomas se convierta en la forma habitual de trabajo, en la que las CCAA colaboran en la identificación del problema y el desarrollo de soluciones.¿Dónde identifica actualmente los principales riesgos para consolidar los avances logrados?
El riesgo más inmediato es la falta de recursos humanos especializados: la demanda de perfiles con doble competencia —conocimiento sanitario y digital— supera con creces la oferta disponible en el mercado. Lo hemos mitigado parcialmente con contrataciones externas de consultoría y oficinas técnicas, pero es una presión estructural que no desaparecerá a corto plazo y que el propio mercado laboral enfrenta.
Por otro lado, el ritmo de los procesos administrativos y de contratación pública, no siempre se acompasa con los ritmos que exigen estas tecnologías y si bien trabajamos en iniciativas de contratación centralizada con catálogos especializados, es un área donde en la Administración tenemos margen de mejora.
Ambos aspectos pueden además impactar en la diferente evolución tecnológica entre territorios, que consideramos que es algo a reducir. Necesitamos evolucionar de manera coordinada, compartiendo activos y asegurando la interoperabilidad. Eso requiere mejorar nuestra capacidad de acceder al mercado y al capital humano.¿Qué prioridades tecnológicas deberían marcar la agenda de las Administraciones Públicas durante los próximos cinco años?
La Estrategia de Salud Digital 2030 contiene elementos de particular relevancia en este sentido, que creo que son extrapolables más allá del sector salud.
El primero es la soberanía digital: reducir la dependencia de infraestructuras y proveedores que puedan suponer riesgos de dependencia, garantizar la continuidad operativa ante ciberataques o interrupciones de suministro, y avanzar en arquitecturas con principios de seguridad y privacidad por diseño.
El segundo es convertir el dato en el idioma común de la Administración. En salud, esto significa implementar estándares como HL7 FHIR para el intercambio clínico y OMOP para el uso secundario de datos, conectando el Espacio Nacional de Datos de Salud con el Espacio Europeo. Pero la lógica es exportable a cualquier ámbito de la Administración que gestione información sensible.
El tercero es desplegar inteligencia artificial con gobernanza real, no como experimento, sino como capa operativa integrada en los procesos. El Reglamento de IA europeo ya es parcialmente aplicable: la alfabetización en IA no es opcional, es una exigencia para todos los operadores del sistema.
El cuarto es integrar la monitorización continua y el análisis personalizado de los datos para pasar de un sistema reactivo —que trata la enfermedad cuando aparece— a uno proactivo que la anticipa (sea mediante cribados, genómica o terapias personalizadas) e incorpora la anticipación en los circuitos asistenciales ordinarios.¿Qué espera de los proveedores tecnológicos para ayudar a mantener y evolucionar los proyectos impulsados durante estos años?
En el área de salud necesitamos más que competencia técnica. Necesitamos que los proveedores entiendan el marco regulatorio europeo —Reglamento de IA, EHDS, MDR/IVDR, NIS2— y sean capaces de desarrollar soluciones conformes desde el diseño, no mediante adaptaciones posteriores.
Esperamos también que trabajen con estándares abiertos, no con arquitecturas propietarias que generen dependencias difíciles de gestionar. Cuando un sistema de IA clínica solo funciona sobre la infraestructura de un proveedor específico, el SNS pierde autonomía estratégica e incurre en riesgos de incumplir el marco regulatorio europeo.
Tenemos interés en impulsar la colaboración público-privada para que el sector bio pueda acceder a los datos de calidad del SNS y desarrollar soluciones innovadoras de las que el propio SNS pueda beneficiarse en condiciones ventajosas y manteniendo la soberanía sobre los datos.
Y, finalmente, esperamos corresponsabilidad en los resultados. La fase de pilotaje ya no es suficiente: lo que necesitamos son proveedores que acompañen el despliegue a escala, que midan el impacto real y que contribuyan activamente a la transferencia de conocimiento hacia los equipos propios del SNS.¿Algo más que añadir?
Sí, algo que me parece importante subrayar en un medio del sector TIC: la transformación digital del SNS no es solo un proyecto de tecnología. Es un proyecto de cambio de modelo asistencial en el que la tecnología es el habilitador, no el protagonista. Hemos aprendido en estos años que los proyectos que fracasan no suelen hacerlo por limitaciones técnicas, sino por insuficiente gestión del cambio: profesionales que no han sido involucrados en el diseño, sistemas que se implantan sin formación adecuada, soluciones que resuelven problemas que nadie tenía. Por eso la capacitación —de profesionales sanitarios y de ciudadanos— es un área transversal de la nueva Estrategia, no un complemento opcional.
España tiene hoy una posición privilegiada en el contexto europeo de salud digital. La red que hemos construido con las comunidades autónomas, los activos compartibles generados y la experiencia acumulada en interoperabilidad nos sitúan en condiciones de contribuir de forma relevante al Espacio Europeo de Datos de Salud. Pero eso requiere mantener el ritmo y, sobre todo, mantener la coherencia entre la ambición estratégica y la capacidad de ejecución. Eso depende tanto de la Administración como de los socios tecnológicos con los que trabajamos.


